¿Cuándo deja de ser consumo y se convierte en derroche?

Dicviembre es un mes en el quese aumenta de manera notanle el nivel de consumo pero no debemos olvidar que los niveles de consumo no son iguales para todos los perfiles económicos, sin embargo, hay una barrera muy fina entre el consumo y el derroche.

No se trata desde luego de un asunto sencillo. Realmente aquí intervienen tanto factores económicos como psicológicos, ya que, la renuncia al consumo no es una actitud sencilla, más si se viene de un periodo como en el que aún estamos inmersos donde consumir no es para muchos una actividad habitual y si una especie de premio al esfuerzo.

Invertir

La frontera donde el consumo se convierte en un derroche, como decíamos, no es igual para todo el mundo, sin embargo sí podríamos aplicar una especie de fórmula que nos permitiera tomar conciencia de si realmente estamos derrochando o próximos a derrochar. Para ello el primer paso sería ser capaces de confeccionar un plan económico doméstico.

Este plan deberá contener los gastos e ingresos familiares (todos) en él, y con el máximo de veracidad y realismo, vamos a plasmar no sólo nuestros ingresos fijos y gastos constantes, sino también cuestiones como por ejemplo la cantidad de dinero que destinamos al ocio, la cantidad de dinero que destinamos al ahorro, y la cantidad de dinero que destinamos a imprevistos. Realmente podríamos considerar que estamos derrochando cuando aún existiendo una diferencia entre gastos e ingresos a nuestro favor, no somos capaces de destinar nada ni al ahorro ni a las posibles contingencias.

Todo esto efectivamente significaría que el dinero en positivo que todos los meses generamos va destinado prácticamente en su totalidad al consumo, con lo cual no favorecemos elementos básicos de cualquier economía doméstica como mantener una previsión ante posibles eventualidades y mantener una línea de ahorro.

Ambas cuestiones, realmente el ahorro, son básicas para poder enfrentarnos al derroche y manejar el consumo con más racionalidad.

ahorrar

¿Y qué hacer con el ahorro?

Cada persona es un mundo en todos los aspectos, y, por supuesto, también en lo económico. No existe una receta mágica sobre cómo utilizar de manera correcta nuestros ahorros, sin embargo si existe una mala idea en su aplicación; dejarlos dormir sin obtener ningún tipo de beneficio.

El dinero parado implica dinero perdido. No se trata de una máxima abstracta, realmente si no tenemos ningún tipo de rentabilidad de nuestro dinero dormido ni siquiera para combatir los efectos de la inflación o la subida de los precios al consumo, como es lógico entender nuestro dinero no valdrá lo mismo de un año para otro, habremos perdido dinero. Por eso lo que sí debemos tener claro es tratar de rentabilizar nuestros hábitos de ahorro.

¿Productos bancarios si o no?

Depende lógicamente de cada uno, en principio es hoy en día los productos garantizados como las cuentas remuneradas o los depósitos, es decir productos sin riesgos sobre capital aportado, se encuentran ofreciendo unas rentabilidades que bate récords históricos por lo bajo, solamente el hecho de una inflación baja ( que tampoco es una buena noticia) está logrando sostener algo el equilibrio de la rentabilidades que, con estas remuneraciones en un escenario normal serían incapaces de batir la inflación.

Sin embargo, el crecimiento exponencial de otros productos bancarios como los fondos de inversión demostrar que existe un perfil de usuario cada vez más animado a buscar otro tipo de salidas para su dinero. Sin duda es una opción a tener en cuenta, pero obviamente no la única.

Desde plataformas de préstamos p2p hasta una nueva (y ligera aun) corriente de inversión inmobiliaria en busca de rentabilidades en los alquileres (que incluso en una tesitura como la actual siguen ofreciendo rendimientos mejores que los que ofrecen productos garantizados) son otras, entre muchas, de las opciones que el ahorrador puede elegir, Se trata de encontrar aquellas opciones con las que se sienta más cómodo.