Depósitos o pagarés, la moda en activos

 

Con hasta el 4,5% de interés a un año, supera a las de las imposiciones, y su riesgo es muy similar.

De todos los activos de renta fija admitidos a cotización durante el mes de enero, los pagarés representaron un 57,4% del total (frente a la emisión de un 16,4% de bonos y obligaciones y del 23,2% de cédulas). No hay duda, la guerra bancaria se ha traspasado del campo de los depósitos al de los pagarés.

La necesidad de liquidez favorece el cambio de tendencia que tienen las entidades y en la penalización que impone el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) a las que lanzan imposiciones con extratipos, lo que ha relajado la apuesta por estos últimos. Y aquí es donde surge la moda del activo, pagarés, en el que participan las entidades de primera fila españolas. Casi a diario las entidades renuevan sus propuestas que cada vez ofrecen más rentabilidad. Las alternativas son muy variadas en plazos e inversiones mínimas.

Al adaptarse a las necesidades del cliente, surge un abanico de ofertas. Además, las entidades tienen algo más a su favor: los pagarés sí que pueden considerarse un sustituto al depósito bancario. Su funcionamiento es muy similar. En cualquier caso, el comercial de la sucursal bancaria está obligado a darle los detalles del producto, sobre todo de los que describen sus riesgos y a explicarle bien sus diferencias. Veamos las principales:

Rentabilidad: la remuneración de los pagarés es ahora superior a la de los depósitos. Los pagarés a un año se están emitiendo con tipos medios del 3,9%, mientras que los depósitos hasta un año salen al mercado con intereses medios del 2,73%, según datos del Banco de España. En este sentido los pagarés son el activo más atractivo que hay en el mercado para el corto plazo. CaixaBank y Banco Popular, entre otros, los ofrecen con retornos del 4,5% a plazos de un año.

Solvencia del emisor: este punto es fundamental a la hora de elegir pagaré.

Liquidez: depósitos y pagarés son productos ilíquidos. No obstante, la diferencia es notable en este caso. Las entidades están obligadas a reembolsar el dinero del depósito cuando un cliente así lo solicita. La operación conlleva unas comisiones pero, en ningún caso, podrán superar a los intereses generados. Es decir, en un depósito clásico, el capital invertido está garantizado. En los pagarés, sin embargo, hay que acudir al mercado secundario en busca de comprador cuando un inversor necesita el dinero antes de tiempo. Para mejorar este punto, algunas entidades (como CaixaBank) están lanzando emisiones con ventanas de liquidez, es decir, que dan la posibilidad de reembolsar el dinero en fechas concretas sin penalización y recogiendo los intereses generados hasta el momento. En cualquier caso, el bajo riesgo del pagaré se aprecia en sus cotizaciones en el mercado secundario. Títulos de Bankia, Banesto, Banco Popular y Santander cotizan al 100% de su valor nominal o muy cerca.

Plazos: la vida de los depósitos y los pagarés es similar. Las entidades pueden hacerlos a la carta, adecuando sus plazos a sus necesidades de financiación. Ambos son activos pensados para el corto plazo.

Inversiones mínimas: suelen ser más elevadas en el caso de los pagarés. Para optar a los tipos más altos suelen exigir cantidades mínimas de 30.000 euros.

Garantías: la garantía es uno de los aspectos diferenciadores. Mientras los depósitos están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.000 euros por titular y entidad, los pagarés no están adheridos a ningún tipo de fondo de garantía. No obstante, López estima que esto, en realidad, no supone un riesgo ya que, en su opinión, «no va a quebrar ninguna entidad española».