Durante años, abrir una cuenta en un banco tradicional era casi un trámite automático. Entrabas, firmabas y listo. El problema es que no te pagaban nada por tu dinero, y eso se normalizó demasiado. Pero algo ha cambiado en los últimos meses. Y no es casualidad.

La presión de los neobancos, con sus cuentas remuneradas claras y sin demasiadas vueltas, ha obligado a los grandes de siempre a mover ficha. En 2026 ya se está viendo un giro evidente. Cuentas que empiezan a pagar alrededor del 1,5 % TAE, algo que hace no tanto parecía impensable en la banca tradicional.
No estamos hablando de revoluciones, eso también hay que decirlo. Pero sí de un cambio de actitud. Y para el ahorrador medio, el de a pie, esto importa más de lo que parece.
Qué ha cambiado en la banca tradicional
Hasta hace poco, los bancos clásicos jugaban con ventaja. Tenían la red de oficinas, la confianza de toda la vida y millones de clientes poco dados a cambiar. Pero los neobancos llegaron con otra propuesta. Sin sucursales, con apps sencillas y con un mensaje directo, tu dinero puede generar algo sin ataduras raras.
Entidades como Revolut o N26 empezaron ofreciendo rentabilidades superiores al 2 %, incluso algo más en ciertos momentos, ligadas al tipo de interés oficial. Eso hizo que muchos usuarios se preguntasen por primera vez por qué su banco de siempre no les daba nada.
Y ahí empezó el movimiento.
En 2025 y especialmente ahora en 2026, bancos como Banco Santander, BBVA o CaixaBank han empezado a lanzar o retocar cuentas remuneradas con intereses cercanos al 1,5 % TAE, normalmente bajo ciertas condiciones, pero ya no a cero.
No es solo marketing. Es una reacción clara al cambio de comportamiento del cliente. El dinero se mueve más, la gente compara, y la fidelidad ciega ya no existe como antes. Y eso, aunque suene obvio, ha dolido donde más duele, en los depósitos que se iban a plataformas digitales.
Otro punto importante es el contexto. Con los tipos del BCE estabilizados y la inflación más contenida que hace un par de años, los bancos tienen más margen para ofrecer algo de rentabilidad sin comprometer su estructura. Antes no querían, ahora ya no pueden permitirse no hacerlo.
Qué implican estas cuentas para el ahorrador
Aquí es donde conviene aterrizar el mensaje. Un 1,5 % no te va a hacer rico, eso está claro. Pero tampoco es irrelevante. Si tienes un colchón de ahorro que no necesitas tocar, dejarlo al 0 % es perder poder adquisitivo poco a poco.
Para muchos perfiles conservadores, estas nuevas cuentas suponen una opción intermedia interesante. No asumes riesgo, no bloqueas tu dinero como en un depósito y tienes liquidez diaria. Eso, para quien no quiere complicarse, es clave.
Eso sí, hay que leer la letra pequeña, aunque sin obsesionarse. Algunas de estas cuentas pagan ese 1,5 % solo hasta cierto saldo, otras exigen domiciliar nómina o recibos, y en algunos casos la rentabilidad es promocional durante los primeros meses. Nada nuevo, pero conviene saberlo para no llevarse sorpresas.
Lo positivo es que el cliente vuelve a estar en el centro, al menos un poco más que antes. Y eso se nota también en otros aspectos, menos comisiones, apps más decentes, procesos algo más ágiles. No es magia, es competencia.
Comparado con los neobancos, la banca tradicional sigue siendo más conservadora. Normalmente paga menos, pero ofrece una sensación de estabilidad que mucha gente valora. Oficinas físicas, atención personal y una marca conocida siguen pesando, sobre todo en perfiles más adultos o menos digitales.
En el fondo, la conclusión es sencilla. Los bancos tradicionales han entendido que no pueden seguir ignorando al pequeño ahorrador. El 1,5 % no es el final del camino, pero sí un primer paso. Hace dos años, este escenario era casi ciencia ficción.
Y lo más interesante es que este movimiento no parece puntual. Todo apunta a que veremos ajustes continuos, pequeñas subidas, nuevas condiciones y más ofertas cruzadas. No por generosidad, sino porque el mercado ya no perdona la pasividad.
Para ti, como usuario, esto es una buena noticia. Más opciones, más información y más capacidad de elegir. Aunque no lo parezca, tener alternativas reales cambia las reglas del juego. Y esta vez, el cambio ha venido desde fuera, empujando a los de siempre a reaccionar.



