Las calificadoras de riesgo, en el ojo de la tormenta

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Tal como sucedió en la caída de los tigres asiáticos en 1997, los países desarrollados volvieron a asignarles a las calificadoras de riesgo un rol central en el desbarranco de las ya famosas hipotecas subprimes y en los problemas que acosan a los grandes bancos de inversión.

Diferentes especialistas financieros afirmaron que las calificadoras de riesgo tuvieron una importante porción de responsabilidad al fallar en lo que es su objetivo: determinar el verdadero riesgo que tenían algunos productos estructurados, en este caso, elaborados sobre la base del mercado subprime norteamericano.

Ademas, los especialistas señalaron el conflicto de intereses que aquejan al trabajo de estas empresas: es el mismo emisor de un activo, y no los inversores, el que paga a una calificadora para que analice el riesgo de ese papel.

En este caso en particular, las calificadoras no evaluaron bien el riesgo de lo que pasaría si se cambiaban los tipos de interés de las hipotecas que estaban dentro de los fideicomisos adquiridos por los bancos. No solo le dieron las mejores notas a estos fondos de inversión, sino que las mantuvieron hasta último momento a pesar de los indicios evidentes del desbarranco hipotecario.

Las calificadoras privadas y los organismos de supervisión de los Bancos Centrales tienen gran parte de la responsabilidad de esta crisis. En el caso de las primeras, a la mala praxis en la evaluación del riesgo se le agrega el conflicto de intereses anteriormente planteado.

Sin embargo, aunque no reconocen responsabilidad en el actual escenario, las calificadoras de riesgo comenzaron a impulsar acciones para hacer más transparentes los procesos de calificación. Pero no es que a Standard & Poors, Moody´s y otras les pique el bichito de la transparencia así porque sí. Su prestigio está seriamente dañado y, antes de que haya necesario mayor control estatal sobre ellas, tratan de recuperar la confianza que millones de inversores habían depositado en ellas y que, de un plumazo, quedo sepultado bajo millones y millones de hipotecas subprimes.